Historia real: El placer de ayudar a los demás

El otro día os decíamos en un artículo que ayudar es sano y hoy en Espiritualmete os contaremos una historia real vivida en nuestras propias carnes que hace referencia a este tipo de satisfacción.

Estaba actualizando ayer al mediodía el blog cuando de repente sonó el timbre. Rápidamente abrí la puerta sin no antes guardar el artículo cuando vi que la persona que llamaba era un anciano mendigo. El hombre pedía unas monedas de forma muy agradable. Su aspecto dejaba mucho que desear y llenaba de pena de ver como una persona podía llegar a esas circunstancias. Lamentando mucho no poder ayudarle por no disponer de nada suelto en ese momento, y el mendigo con una gran sonrisa me dijo “gracias”.

Iba de nuevo hacia el escritorio no antes sin parar en la cocina a prepararme un café. En ese momento pensé: ” pobre hombre, no puedo ayudarle con dinero, pero voy a darle comida”.

Rápidamente cogí unas piezas de fruta y una caja de galletas y salí a la calle para dárselo pero ya no se vislumbraba. Empecé a caminar y pregunté a  una chica que estaba fumando un cigarrillo en la calle. Me miró sorprendida de que buscara a ese hombre y me indicó hacia dónde se había marchado.

Giré la esquina y conseguí ver esa figura destrozada por la dureza de la intemperie. Un silbido atronador salió de mis pulmones y el hombre acudió a mi. Cuando se acercó pude apreciar cómo tenía la ropa sucia y rota y una mochila de colegio que no cerraba la cremallera como única pertenencia  y que demostraba que no había tenido en su recolecta al ir totalmente vacía.

Le di lo que tenía para él diciéndole: “no puedo darte dinero pero toma esta comida, hoy al menos podrás comer”. El hombre empezó a darme las gracias y a llorar ….

Mis ojos inmortalizaron esta imagen que no saldrá nunca de mis recuerdos y un sentimiento de paz y alegría  llenó todo mi ser.

Los días 7-8 y 9  de Octubre, en Feria Espiritualmente tienes un gran espacio para aprender, un lugar en el que encontrar muchas respuestas